Fotografía
Aprendí a mirar.
SOY MERXE
Empecé con una cámara. Después llegó el diseño y aprendí a dar forma a lo que una marca quería mostrar. Pero cuanto más trabajaba con negocios, más preguntas aparecían que el diseño por sí solo no podía responder.
Eso fue lo que me llevó a la estrategia y, finalmente, a trabajar sobre la arquitectura completa de una marca.
Empecé en la fotografía, trabajando con imagen, percepción y la forma en la que una marca se presenta delante de los demás.
Después llegó el diseño. Ya no se trataba solo de crear una imagen, sino de darle forma y convertirla en algo que pudiera comunicar.
Con el desarrollo web apareció otra capa. Una web podía estar bien diseñada y bien construida y, aun así, no resolver lo que estaba pasando en el negocio.
Porque había decisiones que venían de antes: qué vendía esa marca, a quién, cómo lo explicaba, cómo llegaban las personas hasta ella y qué ocurría después.
Ahí la estrategia empezó a ocupar cada vez más espacio en mi trabajo.
Mi recorrido
Aprendí a mirar.
Aprendí a dar forma.
Aprendí a construir.
Aprendí a conectar.
No dejé atrás todo lo anterior. Empecé a entender cómo se conectaba.
Cuando trabajo con un negocio no miro solo la web, el mensaje o lo que está publicando.
Miro qué está vendiendo, cómo está planteada la oferta, qué entiende la persona que llega, cómo entra en contacto con la marca, qué recorrido hace hasta comprar y qué ocurre después.
Porque cambiar una parte sin mirar las demás puede solucionar algo hoy y crear otro problema mañana.
Por eso mi trabajo empieza antes de decidir qué página construir, qué contenido publicar o qué automatizar.
Primero miro el negocio. Después decidimos qué tiene sentido construir.
Una decisión cambia lo que ocurre en las siguientes.
Una parte de mi historia también terminó en un libro
Podía estar detrás de una cámara, construir una web o ayudar a otra persona a contar lo que hacía.
Pero cuando me tocaba ponerme delante, la historia cambiaba.
La crítica, quedarme en blanco, equivocarme, compararme o pensar demasiado en cómo me estaban viendo también formaron parte de mi recorrido.
De ahí nació Las llaves que el miedo no quiere que tengas.
Un libro en el que convertí diez de esos miedos en diez guardianes y el camino para atravesarlos en diez llaves.
No lo escribí porque el miedo hubiera desaparecido. Lo escribí después de aprender que podía seguir caminando con él.
Ahora hablemos de tu negocio.
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